Estancia mínima: ¿hasta que punto es útil en los alojamientos vacacionales?

El asunto de la estancia mínima a la hora de reservar en un apartamento o villa vacacional, está acompañado de opiniones dispares. Según algunas normativas autonómicas vigentes (las CC.AA regulan la actividad de alquiler vacacional en España), para que la vivienda pueda ser considerada como de “uso turístico” debe dedicarse al alquiler vacacional durante un periodo de tiempo específico al año, pero la cuestión que hoy nos ocupa es saber si merece la pena obligar a los turistas a reservar la estancia en función de una ocupación mínima.

Algunas agencias abogan por permitir en sus alojamientos reservas de un sólo día y otras -la mayoría, de hecho- imponen una permanencia de 7 noches o un fin de semana como mínimo. El hecho de que se establezca una estancia mínima en el alquiler vacacional supone, por un lado, una contra para este sector en la medida en que limita las reservas a los viajeros que pretenden viajar varios días y deja fuera a los que viajan por fin de semana o por motivos puntuales y breves. Por lo que el turista ve limitada su libertad de elección.

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Pero, por otro lado, como factores a favor de una estancia mínima encontramos que la agencia se asegura una reserva más cuantiosa, y también un desembolso superior en el destino elegido. Como el turista se queda más días en el alojamiento, va a repercutir en que haga mayor gasto en la localidad donde se encuentre.

Otra ventaja es el ahorro para el proveedor de apartamentos al utilizar menos recursos en limpieza y mantenimiento, así como la posibilidad de organizar menos gestiones. Una estancia más larga significa menos turistas por periodo y, por tanto, menos trámites por llegada y salida de huéspedes.

La imposición por parte de la agencia de una reserva con un mínimo de días se da, sobre todo, en grandes villas y chalets, lugares con más probabilidad de ser ocupados por un periodo más largo de tiempo.

La controversia de Madrid sobre la estancia mínima

Sobre este asunto, en el verano de 2014 la Comunidad de Madrid aprobó una normativa reguladora de apartamentos y viviendas para alquiler vacacional cuya principal novedad era que se debía fijar una estancia mínima de cinco noches. En ese momento la Asociación de Gestores de Viviendas de Uso Turístico (Asotur) se quejó de la limitación alegando que nuestra industria “recibe un número muy elevado de clientes de fin de semana, puentes y festivos con reservas de menor duración. Con esta limitación perderemos todos esos ingresos”.

Asotur también manifestó entonces la idea de que esta norma beneficia al sector hotelero, reforzando su posición de dominio en las reservas de los miles de turistas que viajan para pocos días: “con esta limitación se obliga a estos turistas a utilizar el mercado tradicional de alojamiento turístico utilizando los hoteles y hostales cuando son muchos los que prefieren la opción que ofrece nuestro sector”. La asociación incluso se aventuró a asegurar que muchas empresas de nuestro sector (tanto proveedores como portales) se iban a ver gravemente perjudicadas.

Por otra parte, la Federación Española de Asociaciones de Viviendas de Uso Turístico y Apartamentos Turísticos (FEVITUR) también se hizo escuchar en un comunicado público en el que afirmaba que una ley tan necesaria como era la regulación del sector de alquiler turístico “tendría que haber sido muy fácil de crear y, sin embargo, ha sido un camino tortuoso para todos; el motivo: el increíble poder del lobby hotelero”. En la misma línea, FEVITUR hacía saber que la obligación del mínimo de 5 noches de reserva se acordó “en el último minuto y sin obedecer a ningún argumento jurídico, solo a las peticiones del lobby hotelero para quitarse la competencia”.

En el año 2015, las empresas dedicadas al alquiler vacacional encontraron un apoyo en la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC). Esta comisión denunció que la normativa de estancia mínima suponía “un obstáculo a la competencia, por permitir sólo estancias de al menos cinco días, y esto restringe la capacidad de elección del consumidor”.

Vemos que sobre este tema hay disparidad de opiniones tanto en agencias como en organismos públicos. Al final cada proveedor debe decidir cómo debe hacer sus reservas en base a la experiencia y teniendo en cuenta los resultados obtenidos a lo largo del tiempo. También pueden tener en cuenta la temporada para establecer, o no, un mínimo de noches obligado. En temporada alta será superior el flujo de turistas, por lo que habrá muchísima demanda,  y en temporada baja bastante menos, por lo que quizá merezca la pena permitir que los turistas que se decanten por un alojamiento u otro, puedan decidir los días que van a quedarse.

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