Como consecuencia de la oposición de sus paisajes, Selva ofrece un sorprendente ejemplo del contraste entre la llanura y la montaña. Por una parte, una montaña calcárea, pesada y maciza, con bosques naturales, explotados hasta hace poco por los numerosos carboneros que trabajaban allí; por otra parte, una zona baja de terrenos muy matizados y divididos en numerosas y pequeñas propiedades.
